El joven mercedino había partido el primer día del año con intenciones de cruzar a Chile, luego retomar el camino Argentino para llegar al fin del mundo • “Me voy para el norte con intenciones de llegar a Brasil”, contó tras pedalear mil kilómetros.
El primer día del año, el mercedino Diego Medina partió en bicicleta con intenciones de llegar a Mendoza, luego cruzar a Chile, y tras recorrer el sur del Pacífico, retomar el camino argentino para llegar hasta el fin del mundo: Ushuaia. “Ahí me replantearé lo que haré de mi vida” contaba tras pedalear sus primeros kilómetros. Ahora, en la provincia de Córdoba y a poco de cumplir los primeros mil kilómetros pedaleando, dijo que cambió de planes.
“Estoy en la mitad de Altas Cumbres (Córdoba), pero cambié el rumbo”, contó en un alto en su pedaleada. “Me voy para el norte con intenciones de llegar a Brasil, la idea es hacer Santa Fe, Corrientes, Misiones y después Brasil, a ver qué onda la experiencia”, narró entusiasmado y “entregado un poco a los cambios de planes, siempre fui una persona muy estructurada y aquí estoy”, dice exhausto porque en dos días pedaleó 60 kilómetros cuesta arriba. “Se supone que ahora estoy en la parte más alta, así que ahora debería ser en bajada”, se alentó.
Antes de llegar a las altas cumbres en Córdoba, Medina trabajó varios días realizando un “voluntariado” (ver aparte). “Estuve parando 5 días en Papagayos, un pueblito que está cerca de Merlo (San Luis), en la casa de un amigo que tiene un puesto al pie de la sierra, él cría cabras, no tiene luz y ahí tiene un puesto. Fue una experiencia increíble, como un retiro espiritual, teníamos un rio donde me bañaba… una vida muy linda”, contó.
Tras esos días en el medio de la sierra, partió a lo que tenía previsto sea su primera parada larga, y la que le dio un giro a sus planes. “En Merlo, se me da el voluntariado en un hostel y me quede un mes y una semana. De ahí me fui a No No, donde vino a acampar de sorpresa la gente del hostel”, narró el mercedino quien contó que luego fue a Mina Clavero de donde inició su camino a las Altas Cumbres. “Fue durísimo subir, hice noche en la montaña, no había nada, solo montaña y la vista de Mina Clavero de arriba, la pase muy bien. Seguí viaje hasta Cuesta Blanca que es donde estoy ahora. De ahí voy a Córdoba hacer un voluntariado de dos semanas y después salgo rumbo a Santa Fe, Corrientes –tal vez Entre Ríos- y Misiones. Allí (en Misiones) me espera un gran amigo, voy a conocer, descansar y de ahí a Brasil”, explicó entusiasmado y agregó “la idea es hacer toda la costa de Brasil en bicicleta, desde Florianópolis hasta lo más que pueda… y después veré”, dijo.
Así como tenía previsto llegar al fin del mundo y después ver. Ahora hará lo mismo, pero en lugar de pensar en el sur, lo hará en el norte de Brasil.
La pregunta nace sola. ¿Qué le hizo cambiar de opinión?. Y la explicación es tan simple, que es increíble pensar que lo decidió después de pedalear casi mil kilómetros.
“Yo para solventarme el viaje vendo calcomanías genéricas. Entonces iba a la plaza principal de Merlo a vender, donde conocí un montón de gente, entre ellos un chabón que vendía libretas artesanales, un pibe de rastas, muy reservado. Cuando entramos en confianza me contó que hizo la costa de Brasil, me pregunto qué iba a hacer y yo le conté el recorrido”, explico Diego. “El me dijo lo lindo que era la costa de Brasil, que se acampa en la playa, que la gente te recibe muy bien. Yo me quede convencido en la mía, pero me instaló el tema en la cabeza”, contó.
Y luego vendría una charla que le haría ver todo de otra manera. “Hablando con una chica en el hostel me dijo ¿vos conocer el Sur? Y le conté que sí, me pregunto si conocía la parte Austral de Chile, y le conté que si…. Me preguntó que me faltaba conocer de Argentina y le conté que me faltaba el litoral y me pregunto ¿no se te dio por ir a conocer Brasil?. Me dijo: aparte allá no vas a pasar frio, sino no tenés el equipamiento necesario en el sur la vas a pasar mal”, narró el joven para quien esa charla fue definitoria. “Y la verdad yo tengo carpa de verano, el sur de Chile –sé porque lo conozco- es duro, de siete días llueve cinco. Y ahí empecé a sumar todas las cosas, porque yo para ir al sur tenía que esperar temporada… tenía que esperar que empiece la primavera para bajar, lo que me deja voyando en el lugar. En cambio si yo encaró ya, agarro otoño e invierno en lugares que son cálidos… todo lo contrario… mejor si esté un poquito frío. Eso sumado a que yo tengo un equipamiento muy básico para ir al sur, me hizo cambiar de opinión”, explicó.
“Yo soy una persona muy estructurada… yo salí de Mercedes para ir a trabajar a Merlo, hacer plata y seguir viaje. Yo llegue a Merlo, y no gasté un mango, solo pagué dos hospedajes y en carpa. O sea ahí me di cuenta que me tenía que relajar porque yo repartí CV para conseguir trabajo y me di cuenta que no necesitaba trabajar. Que con las calcomanías y los voluntarios me arreglaba”, explicó y declaró que el viaje le está haciendo mirar el mundo distinto: “Estoy en ese proceso de amigarme con los cambios de planes, con no ser tan estructurado en mi forma de pensar. Una chica con unas preguntas me hizo entender que ya conocía donde iba, solo era la bicicleta. Ahora yendo a Misiones y a Brasil y va a ser todo 100 por ciento desconocido”, sostuvo y sentenció: “Ahora será una aventura nueva, a lo desconocido. Además encontrar un poco de confort en eso de no pasarla mal en sur, y pasarla bien en el calor de Brasil”.
El voluntariado
La palabra voluntariado trae aparejado pensar en un trabajo ad honorem. Pero no lo es. Es un trabajo lejos de lo establecido en la LCT y más a la vieja usanza. Cuando existía un intercambio de bienes y servicios. “Es un intercambio –explicó Medina- en lugar de pagar la estadía, se trabaja unas horas. Yo estuve parando en un hostel en Merlo donde paré un mes y una semana y realizaba tareas 5 horas al día – o sea 25 por semana- hice tareas de sereno por la noche. Ahora me estoy yendo a Córdoba capital donde necesitan que hagan bancos con maderas de pallet, yo me postule y quedé. Hay aplicaciones para anotarse en voluntariados, o bien te podes poner en contacto con un hostel; hay distintas formas, a veces te ofrecen solo la cama, otras veces cama y desayuno, o una comida, ó las dos comidas, todo depende del hostel”, concluyó.


