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lunes, junio 17, 2024
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Se fue Yolanda, la mujer que cacheteó a Aramburu

El 9 de junio, poco antes de la medianoche, un sector de las Fuerzas armadas se había revelado ante la “Revolución Libertadora”, reclamando el regreso del derrocado Juan Domingo Perón al poder que las elecciones de 1952 le habían confiado. En ese contexto, un grupo de civiles fue fusilado y los sucesos fueron relatados minuciosamente por Rodolfo Walsh en “Operación Masacre”. Eran tiempos Pedro Eugenio Aramburu en el poder de facto a quien se le atribuye ordenar el fusilamiento de varios militares, entre ellos al general Juan José Valle.

Varios años después, en 1958, en medio de la campaña que estaba realizando por las elecciones convocadas con el peronismo proscripto, llegó a Mercedes Pedro Aramburu. Estaba en un acto en la plaza San Martín, frente a la Basílica Catedral, con sus referentes cuando observó que se acercaba una mujer muy elegante, con un ramo de flores. Aramburu, se acercó para recibir la ofrenda, pero en lugar del ramo recibió un bofetazo que dejó helados a varios, menos a su autora: Yolanda Valenzuela de Valerga.

Los peronistas memoriosos contaron esa anécdota una y otra vez. Todos con distinto final. Lo que todos coinciden es que tras la cachetada Yolanda dijo: “Esto es por todos los compañeros que mando a fusilar”, o más o menos así. Porque no perdió la compostura, ni la educación, en esa época de trataba de usted a todo el mundo. Por más que le propinará un bofetón.

Aramburu –que jugaba a ser demócrata- recibió el golpe, argumentó algo por lo bajo y dejó que la mujer se marchara. No existió represalia, al menos conocida. Pero Yolanda no sabía si existiría o no. Fue un acto de valentía y heroísmo comparable a aquellas mujeres que con los pañales en su cabeza comenzaron a rondar la pirámide de Mayo. Todo para homenajear a un puñado de militantes -para ella desconocidos- que fueron cobardemente fusilados.

Este domingo, la iglesia que fue testigo de aquel acto de heroísmo vernáculo, despidió los restos de esa mujer. Unas decenas de personas se acercaron a despedir los restos de una mujer que hizo historia dentro del peronismo a pesar que la militancia los castigó: en el 76, su compañero de toda la vida fue expulsado del Tribunal de Trabajo por el solo hecho de  ser peronista. A pesar de todo, siempre se las ingeniaron para que a sus tres hijos no les falte nada y para seguir militando y reivindicando al peronismo.

A los 92 años, su corazón se detuvo. Como muchos héroes anónimos no tuvo el reconocimiento que mereció, ni en vida, ni al final de su camino. Como escribió alguna vez Dolina, si existe una libreta celestial, Yolanda a no dudarlo tiene un 9. Y si no existe, tiene un 10.

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