El jueves 7 de mayo, a las 20 horas, la sede de la Asociación Médica de Mercedes dejó de ser un edificio institucional para convertirse, por unas horas, en algo parecido al living de una casa • Eso, exactamente, fue lo que propuso Marcela Cueto con “Jardines interiores”: que las obras no cuelguen en una sala fría sino que habiten un espacio como lo hacen los cuadros de familia, los muebles heredados, los objetos con memoria.
La idea no fue casual. Cueto conoció el lugar antes de elegir las obras y organizó la muestra a partir de ese reconocimiento. “Al recibir la invitación conocí el espacio y la muestra está pensada en función de él”, explicó frente al público. “Lo que tenemos acá recibiéndonos es un gran living. Las obras están elegidas como si fuera el living de una familia, de una persona.”
La presentación estuvo a cargo de la docente y comunicadora Susana Spano, quien (luego de una cálida introducción del Dr. Juan Carlos Cartasegna, presidente de la Institución) condujo una larga conversación con la artista que recorrió sus orígenes, su método y el sentido de esta serie.
Criarse entre talleres y museos
Marcela Cueto es, en muchos sentidos, una artista de origen. Hija del pintor Héctor Cueto, creció en un ambiente donde el arte no era una actividad especial sino parte del paisaje diario. “Me crié entre artistas, talleres, museos, corriendo mientras mis papás hablaban con algún artista”, recordó. “Fue un ambiente muy cotidiano.”
Eso no le impidió formarse con rigor en la Escuela de Arte de Luján. Al terminar, junto a Gabriela Luna y un joven Pablo Russo, organizaba sesiones de dibujo con modelo vivo, costeadas entre todos. De ahí surgieron sus primeras obras más personales y su primera muestra —compartida con su padre— en la Biblioteca Sarmiento.
Intuición primero, planificación después
Cueto define su proceso como “bastante mixto”: hay un momento inicial casi indescifrable, un llamado que surge de adentro, pero una vez que aparece, el desarrollo es organizado y pensado. La materialidad es parte constitutiva de ese proceso, no una decisión secundaria.
Lo explicó con un ejemplo concreto: en la serie Life —premiada en el Colegio de Abogados con una técnica nueva para ella—, trabajó sobre arpillera y representó las imágenes en negativo fotográfico. “Siempre me gusta introducir en mis obras un pequeño gesto subversivo”, admitió, “de lo más común o instituido.”
Las series tampoco tienen fecha de vencimiento programada: se cierran cuando Cueto siente que ya no tiene nada nuevo para decir. “Cuando me doy cuenta de que estoy repitiéndome, o que no siento esa vibración —dijo—, ahí es cuando se agotan.”
Lo humano, siempre presente
Aunque “Jardines interiores” prescinde de figuras humanas, Cueto rechaza la idea de que eso implique ausencia. “El paisaje no existe si no hay una persona que lo esté mirando”, sostuvo. En los cuadros donde solo aparecen casuarinas o muebles sin ocupantes, hay una humanidad implícita: la de quien plantó los árboles, la de quien fabricó y usó esos objetos. “Lo humano está presente —resumió—, por representación o por su ausencia.”
Ese hilo conductor atraviesa toda su obra. El jardín del título no es un lugar bucólico sino un espacio intermedio: donde lo exterior se vuelve proyección y lo interior encuentra forma visible. La obra que más valora de la muestra, “Estampa en el fondo de la memoria”, está colocada sobre el hogar de la sala.
Al cierre, consultada sobre las nuevas generaciones, Cueto fue optimista: hay jóvenes artistas trabajando en Mercedes en fotografía, pintura, grabado y textil. “El futuro de las artes visuales de Mercedes está asegurado”, dijo.
IG: @marcelacuetoarte


