La Basílica de Luján fue escenario del homenaje central al Papa Francisco, a un año de su fallecimiento • La homilía del arzobispo Marcelo Colombo convocó a la unidad y al legado social del pontífice, mientras la política nacional se hizo presente con ausencias y gestos que marcaron la jornada.
La misa principal por el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco reunió este martes a miles de fieles en la Basílica de Luján, donde se escucharon las palabras del arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo. El prelado destacó el rol del pontífice argentino como “pastor de la humanidad” y llamó a superar divisiones para construir “una patria de hermanos”.
El homenaje tuvo un fuerte componente político. En la primera fila se ubicaron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni —quien dejó limosna durante la ceremonia—, el ministro del Interior Diego Santilli, el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem y otros funcionarios nacionales. En otro sector, el gobernador bonaerense Axel Kicillof compartió bancas con Wado De Pedro y dirigentes del peronismo. Las comitivas evitaron cruzarse incluso en el saludo de la paz, reflejando la tensión entre oficialismo y oposición.
La ausencia más notoria fue la de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien estaba incluida en la comitiva oficial pero decidió homenajear al Papa en la Basílica María Auxiliadora, donde Bergoglio fue bautizado. “Lo honra sin estridencias ni politiquería de casta”, señalaron allegados.
Al finalizar la misa, Kicillof subrayó que recordar a Francisco implica asumir sus enseñanzas: “Estamos en una época donde se respira guerra y nos dicen que el mercado es un Dios. El Papa fue muy claro: es exactamente lo contrario”.
El homenaje en Luján condensó la vigencia del ideario social del pontífice, que sigue inspirando tanto a fieles como a sectores sindicales y políticos. La multitud que colmó la Basílica dio testimonio de un legado que trasciende fronteras y disputas partidarias.



