El juez autorizó el alquiler de la planta láctea a la firma Compañía Láctea Suipacha S.A., que prevé reincorporar trabajadores y reactivar la producción en etapas.
La emblemática planta láctea La Suipachense, ubicada en la vecina localidad de Suipacha, se prepara para volver a producir luego de más de nueve meses de paralización. Declarada en quiebra en noviembre de 2025, la fábrica fue autorizada por el Juzgado Civil y Comercial de Mercedes, a cargo del juez Leandro Julio Enríquez, para ser alquilada por la empresa Compañía Láctea Suipacha S.A., cuyo titular es el empresario Pablo Acsi.
El plan de reactivación contempla una primera etapa con el procesamiento de 50.000 litros diarios de leche, apenas una quinta parte de la capacidad histórica de 250.000 litros. En paralelo, se prevé la reincorporación de entre 25 y 30 trabajadores, con tres líneas iniciales de producción: leche entera en envase tetra, yogur y leche en polvo, esta última con potencial exportador. La tradicional quesería quedará reservada para una fase posterior.
Antes de poner en marcha la producción, la firma deberá realizar un acondicionamiento técnico de la planta y tramitar las habilitaciones correspondientes ante los organismos de control. El municipio de Suipacha ya anticipó gestiones conjuntas con ministerios provinciales para agilizar los registros.
El contrato de alquiler incluye el predio, las maquinarias y las marcas Lácteos Conosur y La Suipachense. Los ingresos generados serán depositados en una cuenta judicial y destinados al pago parcial de los acreedores.
La historia de la crisis explica la magnitud del desafío: fundada como cooperativa en 1947, la planta atravesó un deterioro progresivo tras pasar a manos privadas, primero asociada a la chilena Lácteos Conosur y luego bajo el grupo Maralac. A mediados de 2025 apenas procesaba 40.000 litros diarios, con líneas paralizadas y cortes de servicios por falta de pago. La deuda al momento de la quiebra superaba los $8.000 millones en cheques rechazados, y la paralización dejó sin empleo a 140 trabajadores, golpeando duramente a una localidad de apenas 12.000 habitantes.
Hoy, la reactivación abre una expectativa renovada: que la planta vuelva a ser motor productivo y símbolo de identidad para Suipacha y la región.


