Hace más de un lustro que se encuentra en la ciudad de manera silenciosa • Tiene más de 40 trabajadores y procesan 600 toneladas de botellas plásticas por día • Es la tercer recicladora del país en volumen.
En el kilómetro 88.700 de la ruta 5, “nada se pierde, todo se transforma” como canta Jorge Drexler. En ese predio se fueron uniendo restos de empresas y actividades productivas en un galpón abandonado donde funcionaba una fábrica de dulce de leche. Y hoy se transformó en RAPET, una de las tres recicladoras de PET más importantes de la Argentina.
Con una planta estable de más de cuarenta trabajadores, la empresa que comanda el ingeniero Rodrigo Miles se proyecta al futuro con la firme intención de agregar cada vez más productos manufacturados. El ingeniero Miles se muestra orgulloso de la tarea desplegada durante más de un lustro a la que le puso el cuerpo y el alma.
“Vine a Mercedes porque cuando compre la primera máquina –que me la vendieron casi como chatarra- me hablaron de este predio y me ofrecieron un alquiler muy bajo. La pusimos en marcha, la reacondicionamos y no con poco empeño arrancamos”, cuenta rememorando los inicios.
Miles –ingeniero industrial- trabajaba en la rama del plástico donde adquirió el conocimiento y la experiencia para encarar la iniciativa: reciclar botellas de plásticos y transformarlas en “escamas” PET (polietilentereftalato) que es un polímero plástico que se obtiene mediante un proceso de polimerización de ácido tereftálico y monoetilenglicol.
El PET puede ser reciclado múltiples veces y se utiliza para una amplia variedad de productos finales como: nuevas botellas, fibras textiles, bandejas de comida, resinas, solo por poner algunos ejemplos.
La materia prima de RAPET son botellas plásticas derivadas del consumo, las que llegan a Mercedes de distintos puntos del país; y las derivadas del scrap industrial. Ambas líneas de productos tienen tratamientos diferentes aunque se obtiene un producto similar: PET de diversos colores los cuales -después de procesos de limpieza y secado- son pesados, controlados y vuelven al mercado como materia prima ó bien como producto terminado.
“Hace poco adquirimos una máquina para hacer alambre de PET, el cual competirá con el alambre “San Martín”; también estamos trabajando en hacer sogas y el material para reemplazar al ratán. Lo que pretendemos es lograr tener cada vez más valor agregado”, sentencia Miles.
El padre de la criatura, conoce la planta como la palma de su mano, como si la hubiese parido. En la recorrida explica con lujo de detalles qué sucede en cada sector de la producción desde que entran las botellas aplastadas en fardos y sucias hasta convertirse en escamas de PET limpias y secas en la otra punta. “Acá vamos a poner las máquinas para hacer alambre… y allá va el comedor y más allá el playón”, cuenta y muestra contrapisos que se están construyendo.
Y sigue soñando: “cuanto tenga todo terminado me gustaría que vengan chicos de las escuelas para ver cómo es el tema del reciclado, creo que es importante que todos tomemos conciencia de esto”, afirma y cuenta que a mediados del año 2020 adquirió otra máquina procesadora más moderna de una fábrica que cerró en Mar del Plata. “Fue difícil trasladarla y armarla. Teníamos equipos por todos lados y cuando la montamos, la energía eléctrica no nos permitía tener las dos máquinas en marcha. Pero bueno, ahora lo solucionamos”, cuenta y señala un transformador.
En su celular tiene un video casero de cómo era la planta a principios del 2022 y como estaba a principios del 2023. Lo muestra con humildad y con orgullo, como quien le comporte a sus seres queridos fotos que confirman cómo han crecido sus hijos.

Miles habla de sueños, de la sustentabilidad, de todas las posibilidades que brinda la industria. Mientras tanto en un rincón de la fábrica un trabajador empaca cartones. “Eso también los vendemos, acá no tiramos nada”, dice.
Estima que en un par de meses tendrá la nueva nave construída y ahí pondrá en marcha la máquina para hacer alambre. Y proyecta que después se construirán las dependencias de administración y ventas. “Primero me ocupe de mejorar la planta, ahora cuando vayas a mi oficina te vas a dar cuenta”, dice y entra a una pañol desmontable. Cuenta que recién a principio de año cerró el acuerdo comercial para comprar el predio donde funciona. “Antes alquilaba y la verdad que era todo riesgo seguir invirtiendo en un inmueble que a lo mejor lo tenía que devolver. Pero sino invertía no crecía “, cuenta y relata que a pesar de la crisis cada año viene superando un 60% en su nivel de producción. “A lo mejor este año no creceremos tanto, pero es porque no se puede tener tanto crecimiento sostenido durante tanto tiempo”, razona.
Termina la recorrida por la planta y en la punta del predio alguien está haciendo una marcación. “Ahí van a ir las oficinas, la parte comercial y la sala de reuniones” explica y mira. Mira con la satisfacción de haber logrado mucho, pero con la certeza de que logrará más.
Los números
600 toneladas de botellas por día se reciclan. Es el equivalente a la superficie de un estadio de fútbol por un metro de alto. 7.000 toneladas de plásticos se reciclaron en el último año.
Radiografía de un soñador
Rodrigo Miles es egresado de la carrera de Ingeniería Industrial en el ITBA, realizó un curso de posgrado de gestión y dirección de Proyectos en la universidad de Belgrano, una especialización en la industria petroquímica en el IPA (Instituto Petroquímico argentino) y finalmente una maestría (EMBA) en el IAE. En su vida laboral, pasó por empresas en el rubro automotriz, energía nuclear y petroquímica. Oriundo de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Rodrigo Miles crea en el 2015 Rapet, comenzando así un desafío y proyecto personal.
Sin ningún tipo de recurso económico, y para iniciar las operaciones, se endeudó por USD50.000 y se arrojó al abismo en busca de cumplir su sueño.

En este camino recorrido como emprendedor consciente y sustentable, aprendió más que en su carrera de ingeniería industrial y más que en todos sus otros años de trayectoria profesional en el área comercial de empresas multinacionales.
Su objetivo como empresario del reciclado de plástico, es aumentar el porcentaje de plástico que se recicla en Argentina, que actualmente es solo el 25%. Es decir que 3 de cada 4 botellas que se consumen, terminan en un basural a cielo abierto, en un río, o en el mejor de los casos, enterradas.


