La histórica planta de la vecina localidad se encuentra entre la paralización total y una operatoria de emergencia a cargo de los trabajadores • El gremio advierte por “serios problemas” y riesgo de corte de insumos.
La histórica planta láctea de la región -La Suipachense- atraviesa nuevamente una crisis, pero esta vez parecería ser crucial y pondría en riesgo a algunos productores de la zona. En Suipacha, los rumores se multiplican: algunos hablan de paralización total y otros de una actividad mínima sostenida por los propios empleados. De hecho desde el Sindicato de Empleados de Comercio Mercedes/Suipacha salieron a solidarse con los trabajadores de la planta. “Más de 160 familias depende de esta fábrica” contó el secretario general del SEC Mercedes, Sergio Caballero, quien explicó que lo hizo por simple solidaridad. “Una compañera tiene a su marido trabajando ahí, por eso tomamos conocimiento. Y nos solidarizamos como lo haríamos en cualquier caso que compañeros trabajadores vean peligrar su fuente de trabajo”, dijo y contó con a través de la difusión lograron el acompañamiento de distintas filiales de la provincia.
Según se supo la compañía acumula en los últimos meses 300 cheques rechazados por más de $2.765 millones, según datos del BCRA, un reflejo del ahogo financiero que la golpea.
Desde ATILRA –el sindicato que nuclea a los trabajadores- explicaron que la empresa “está muy atrasada con los salarios y tiene serios problemas” y que, frente a la falta de pago, los trabajadores tienen derecho a no trabajar. La falta de liquidez derivó en que proveedores dejaran de entregar insumos, lo que provocó una fuerte pérdida de materia prima y un freno en la producción.
El deterioro se refleja en la operatoria diaria. De procesar cerca de 250.000 litros de leche en sus mejores momentos, la planta pasó a unos 180.000 litros a principios de julio y, en las últimas semanas, apenas rondaba los 40.000 litros. El abastecimiento estaba reducido a pocos productores, que priorizan entregar a clientes con pagos al día.
Las cuentas, sin embargo, no cierran. Para funcionar con normalidad, la planta necesitaría $3.000 millones mensuales, pero la recaudación no superaría los $500 millones. Este desfasaje deja a la empresa frente a un dilema: o paga salarios o paga a productores. El riesgo de corte de luz o gas por deudas con las prestatarias se suma como amenaza inminente. En la localidad, donde la usina láctea es un motor económico clave, la tensión crece ante la posibilidad de un cierre definitivo.
Los dueños de La Suipachense son también los gerenciadores de ARSA (Alimentos Refrigerados S.A.), la empresa que produce postres y yogures SanCor y que pertenece al Grupo Vicentin. En este caso, la situación es igualmente crítica: las plantas de Arenaza (Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba) están paralizadas desde mayo, en medio de un concurso preventivo iniciado en marzo de 2024 y con un pasivo superior a los $49.700 millones, más otros $67.300 millones en garantías.
El gremio ATILRA denunció judicialmente a la firma por vaciamiento y defraudación y señaló que hubo operaciones de facturación alternada entre ARSA y La Suipachense para ocultar ingresos y eludir obligaciones laborales. La Justicia dictó una cautelar para impedir el traslado o desguace de maquinaria. Lo cierto, es que a más de un año del inicio del concurso, no hay avances y en el sector se habla abiertamente de quiebra o de un eventual cramdown.


