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viernes, abril 24, 2026
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¿Faltan obras o sobran errores?

(Por Jorge Guevara) “Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una complicidad vergonzosa.” – Victor Hugo.

Otra vez, Mercedes bajo el agua. Las lluvias recientes —aproximadamente 200 mm— dejaron barrios enteros anegados. La gente reclama obras. La oposición, rápida para sacar rédito político, sugiere con sarcasmo que “si quieren obras, aprendan a votar”.

Pero la realidad es más compleja. En mi humilde opinión, no es que falten obras. Lo que sobran son intervenciones mal planificadas.

Nací y viví en la calle 45 y 30, hasta hace más de 70 años. En aquel entonces, lo único que se inundaba era “La Pampa Chica”. De la avenida 47 hacia el río, la zona prácticamente no estaba urbanizada. Hoy, barrios enteros se han levantado sobre terrenos que antes eran campos o zonas rurales. Y lo que nunca se inundaba, hoy a veces colapsa ante cada crecida del río y/o, muchas veces basta una fuerte lluvia.

Desde la municipalidad se han hecho obras, pero sin un plano oficial de altimetría, no hay forma de planificar el escurrimiento natural del agua. Y en lugar de facilitar el drenaje, las intervenciones lo obstaculizan. Y aunque ese plano estuviera a mano, temo que el interés seguiría siendo mínimo. El objetivo parece ser gastar lo menos posible, y publicitar lo máximo: más propaganda que planificación.

Viví años en Gowland. Hoy me cuentan que también allí hay zonas inundadas. No me sorprende. Gowland y Agote están a seis metros sobre el nivel del río Luján. Por calle 519, en línea recta, a unos 4.500 metros se llega al río. Si al abrir zanjas se respetaran los niveles de escurrimiento, ninguna calle debería desbordarse. Pero esas zanjas terminan funcionando como depósitos de agua estancada.

Mercedes no es una excepción. La provincia de Buenos Aires, con su relieve apenas ondulado, es muy vulnerable a las lluvias intensas. Ríos, arroyos y canales desbordan con facilidad. El problema es estructural.

En 1985, una gran inundación en Bolívar se cobró la vida de Juan Carlos Bellomo. El intendente de entonces, Alfredo Carretero, tomó una decisión drástica: ordenó colocar dinamita en un tramo de la Ruta Nacional 226 para impedir que el canal Ameghino desbordara e ingresara a la ciudad. La Ruta impedía el normal escurrimiento. Fue una decisión polémica, pero demostró una actitud distinta ante la urgencia y la protección ciudadana.

Curiosamente, hay una lección que podríamos tomar del pasado: cuando los ingleses comenzaron a tender las vías del ferrocarril en 1825, respetaron el desnivel del terreno. No conozco un solo caso en el que una inundación haya sobrepasado las vías. Esas obras, sin grandes tecnologías, entendieron lo más básico: el agua busca su curso.

Hoy, en cambio, las rutas se hacen recortando costos. Los puentes se construyen con pilares apenas de orilla a orilla. Cuando el río crece, esas estructuras funcionan como un embudo. Casi un dique.

Las inundaciones no son sólo fenómenos naturales. Son también el resultado de decisiones humanas. Y ahí radica nuestra responsabilidad: como ciudadanos, como votantes, como comunidad.

Porque sí: tienen razón. Hay que aprender a votar. Pero también a exigir, a participar, a no resignarse. Porque entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo permite, la complicidad es, como decía Victor Hugo, vergonzosa.

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