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“Para mí, la tela es mi gran amor”

La apodan “Jopi” desde su niñez y estudió pintura y escultura • Tras un viaje por sudamericana con su pareja abrazó el arte de aro y el trapecio con telas • Y de eso vive y lo explora.

 

Josefina Vivas nació en Mercedes el 14 de julio de 1987. Fue un martes en el cual relevaron a un jefe del ejército, hubo un aumento del 20 % para los jubilados y Juan Ciminari sucedió a un entonces desconocido Roberto Lavagna en el gobierno de Alfonsín. Fue un martes cualquiera en el que hubo caos de tránsito por una protesta callejera y sorprendieron a un juez con mercadería robada.

Le dicen “Jopi” por Jorge un amigo de su papá (Luis Vivas) a quien le dicen “Jopo”. “Así que un día mi papá me dijo “Jopa”, causó gracia entre mis hermanos, pero a mí me gustó. Cuestión, el apodo traspasó los límites del hogar y llegó a la escuela, porque una tía mía, Gabi, fue maestra mía de 2do grado. Y en una clase, me llamó cariñosamente “Jopi” para alcanzarme un cuaderno. Y ya ahí, mis 30 compañeros lo adoptaron. Desde entonces, me llaman así amigos, compañeros de la infancia y adolescencia, y la familia sobre todo”, contó Josefina.

Hija de Nora Evelina Zunino y Luis Alberto Vivas, ambos docentes, ya jubilados. “Multifacéticos ambos, mamá y papá de fierro. Mis hermanos y hermanas, en orden de mayor a menor, son: Ariel Vivas, profesor de tenis, yo, Lía Vivas, docente de literatura y letras y emprendedora independiente de Arbolia Yuyería, Valentín Vivas (Trabajador Social), Enzo Vivas, profesor de música y músico de vocación y Clara Vivas, tatuadora.

Josefina está en pareja con “mi compañero de vida, Diego Caprioli. Compartimos juntos ya 15 años de pareja. Diez años conviviendo, de los cuales un año y dos meses, viajamos en una VW por Latinoamérica. Fue una experiencia que nos fortaleció y unió más que nunca. No tenemos hijos”, reveló Josefina.

Hizo la Escuela Primaria en la Escuela N°1 Víctor Mercante, hasta sexto grado. En séptimo grado, la cambiaron al Colegio San José. “Terminé el sistema Polimodal, en el Colegio Camila Rolón”, relata.

Cuando terminó la secundaria, no se anotó en la Universidad. Pero más allá de eso, tenía una pasión que la llevó hacia el Profesorado de Artes Visuales en nuestra ciudad. Allí forjó dos especialidades: Pintura y Escultura.

Posteriormente, viajó durante dos años y un cuatrimestre a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los fines de continuar con una licenciatura en Universidad Nacional de Arte (UNA). Terminó dejando por una cuestión laboral y económica.

-¿Cómo empezaste con la acrobacia?

-Con la acrobacia, específicamente la tela, empecé por amor a primera vista. Me metí de lleno a practicar yoga, leía mucho, investigaba, estaba fascinada. Y un día vi en Internet “yoga aéreo”, entré, y me fueron llevando los enlaces a la tela. Y ahí, me impactó. La primera vez que vi foto de una tela, era roja y así me compré mi primera tela roja en 2011. La colgaba de un árbol.

A partir del año 2012, Josefina empezó clases regulares con una profesora que venía de la localidad de Moreno, una vez por semana, a un espacio de circo que se abría.

“De a poco, me fui metiendo cada vez más, la profe me pedía que la reemplace cuando faltaba. Y decidí profundizar, me metí de lleno con la flexibilidad y el entrenamiento, tomé seminarios, talleres, encuentros, conocí artistas de varios lados en encuentros de circo, y también investigué mucho mis propias posibilidades”, contó.

Cuando volvía a su casa, se ponía a probar cosas. En un momento, la conjunción de Arte, acrobacias y yoga, “tres influencias fuertes, se volvieron una sola cosa. Y fue y es, mi camino de vida”, confesó.

El autoconocimiento que la artista adquirió fue su mejor premio: “hoy sigo trabajando y transitando.”

Su elemento aéreo principal es la tela. Pero también practica aro y trapecio desde 2014. “Hoy son dos elementos que trabajo semanalmente, igual que la tela”, expresó.

-¿Qué lugares de exposición tuviste que te impactaron?

– He actuado en varios lugares lindos, todos los agradezco. Como lo más importante creo que podría decirse que fue animarme a la calle. Al arte callejero.

Y concluyó: “Para mí la tela, es mi gran amor. Con ella conocí el mundo de la acrobacia. El yoga, mi otro gran amor, es mi pilar. Pero la tela, me dió fuerza, seguridad, amor propio y amor por el cuidado de otrxs cuerpos. Con la tela abrí el abanico de posibilidades, “dejé el canal abierto” y todo lo demás fue llegando para quedarse y desde hace años es mi medio de vida, mi trabajo, mi sostén económico. Agradecida siempre, por ésto. Y también con mi familia y mi amor compañero Diego, que me han facilitado mucho todo, apoyándome”.

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