La propuesta tuvo una nueva edición en Casa Balero, esta vez con un especial dedicado a las juventudes. Literatura, música, arte y escritura se encontraron en una noche que reivindicó la expresión como un derecho y abrió un espacio para escuchar aquello que las nuevas generaciones tuvieron para decir.
El Ciclo Alfonsina volvió a salir de paseo y encontró su vuelta a Casa Balero para reunir palabras, música, imágenes y experiencias. La propuesta, impulsada por la Dirección de Políticas de Géneros y Diversidad de Mercedes con el acompañamiento de la Dirección de Cultura, tuvo en esta oportunidad a las juventudes como protagonistas.
La actividad se realizó durante la noche del jueves y propuso algo más que una sucesión de intervenciones artísticas. Buscó generar un espacio de encuentro en el que las y los jóvenes pudieran expresarse, compartir sus producciones y hacer circular sus propias miradas sobre el mundo que habitan.
La escritora Catalina Mazzocchi participó como invitada y compartió parte de su universo literario y de su experiencia alrededor de la escritura. Con ella, los coordinadores de la noche, Ana De Cunto y Ángel Rutigliano conversaron sobre las dos obras que recientemente presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires y en la de Guadalajara en México: Sangre Real y Reyes del Caos, dos obras imperdibles para conocer el mundo artístico de la autora.
La música también tuvo un lugar destacado con la presentación de Funga Dúo: Cris Melgar y Celeste Olivera acompañaron la noche y aportaron otro lenguaje a una propuesta pensada precisamente desde el cruce de distintas formas de expresión.
Uno de los momentos especialmente significativos llegó de la mano de participantes de Mercedes ATR, quienes compartieron sus propios escritos. Allí la palabra dejó de ser solamente aquello que se encontraba en los libros para convertirse en una herramienta cercana: una manera de narrarse, de contar lo que sucede, de poner nombre a las experiencias y, fundamentalmente, de ser escuchados.
La jornada también contó con la participación de la Feria de Arte de Mel y con una actividad colectiva que terminó de darle al encuentro su carácter abierto y participativo. Cada intervención, desde su lenguaje particular, contribuyó a construir una noche en la que el arte funcionó como territorio común.
El especial “Juventudes” del Ciclo Alfonsina recuperó así una idea central: dar voz no significó hablar por las juventudes, sino generar las condiciones para que sus propias voces ocuparan un lugar. Escuchar lo que piensan, aquello que escriben, crean, sienten y cuestionan también formó parte de reconocerlas como protagonistas de la vida cultural y social de la ciudad.
Con entrada libre y gratuita, Casa Balero se convirtió durante algunas horas en un espacio atravesado por libros, canciones, producciones artísticas y conversaciones. Y allí estuvo el valor más profundo de la propuesta: haber abierto un lugar para que distintas generaciones se encontraran, pero, sobre todo, para que las juventudes pudieran tomar la palabra y hacerla propia.


