La construcción de la autovía sobre la Ruta Nacional 5 se detuvo por completo luego de que la empresa contratista desvinculara a sus trabajadores ante la falta de pagos del Gobierno Nacional. El gremio advierte sobre el impacto social y la incertidumbre en una obra clave para la seguridad vial.
El proyecto de autopista en la Ruta Nacional 5, en el tramo que conecta Mercedes con Suipacha, atraviesa su momento más crítico: las tareas de movimiento de suelo y pavimentación quedaron suspendidas y el obrador funciona con una guardia mínima. La paralización se produjo tras una serie de despidos en la empresa contratista Vial Agro, que atribuyó la decisión a la falta de pago de certificados de obra por parte del Estado nacional.
Según fuentes de la UOCRA, el proceso de desvinculación se dio de manera escalonada: primero fueron despedidos 48 trabajadores y ahora se prevé la salida de los 15 operarios restantes, lo que implica el retiro total de la mano de obra. En el predio cercano a la estación de servicio La Picada solo permanecen administrativos y serenos, encargados de custodiar la maquinaria.
El conflicto se origina en una deuda que el Gobierno mantiene con la empresa, lo que derivó en la imposibilidad de sostener la actividad. Desde el sector gremial remarcan que no existen definiciones claras de Vialidad Nacional sobre el futuro de la obra, lo que incrementa la incertidumbre entre los trabajadores y sus familias.
La paralización no solo tiene consecuencias laborales, sino que también afecta directamente a la comunidad. La Ruta 5 es considerada uno de los corredores más peligrosos del país, y la construcción de la autopista era vista como una medida fundamental para reducir los accidentes frontales. La detención de los trabajos, advierten, prolonga un riesgo que ya se cobró numerosas víctimas en la región.
Mientras tanto, las familias de los obreros enfrentan un panorama de desprotección y la comunidad observa con preocupación cómo una obra largamente esperada queda en suspenso. La falta de certezas sobre la continuidad del proyecto convierte a la autopista Mercedes–Suipacha en un símbolo de la crisis de infraestructura y del impacto social que generan las deudas estatales en el territorio bonaerense.


