Por Ester Belforte
Patrona de nuestro pago.
Madre que no descansa.
Desde el fondo de la historia
mi devoción te rescata.
¡Señora de la Mercedes!
¡nuestra Virgen generala!
Fue a través de la conquista
Y de la distante España
Que cruzando el mar, llegaste
Un día a la Guardia.
La primera fortinera
entre Blandengues y lanzas ,
que combatió el desaliento,
con la gran fe mercedaria.
“La verdad los hará libres”
(decían voces cristianas)
Cuando librabas cautivos
de las miserias humanas,
derramando sobre ellos
tu infinito amaro en gracias.
Y la leyenda refiere…
“Que las tierras arrasadas
por una inmensa sequía
al poblado preocupaba”.
En procesión fue tu imagen
Hasta el río de esta pampa.
Y aquellos fieles que ansiaron
la lluvia en abundancia,
vieron caer en torrentes
sobre los campos el agua.
Tanto fue el desconcierto,
que empapados como estaban
atinaron a dejarte
para que no te mojaras,
casi “a mitad de camino”
en la Cárcel… resguardada.
Allí Señora tal vez
buscaste que te dejaran.
Y el milagro de la lluvia
te acercó a los que amabas.
Seres que en cautiverio
los delitos así pagan
anisando la libertad
como pájaros sin alas.
Y la historia escribe luego:
“que ayudaste en la batalla
a las tropas de Belgrano,
dándole triunfo a sus armas”.
El cumpliendo su promesa
y postrándose a tus plantas,
dejó en tus manos Señora:
“el bastón, también la banda”
nombrándote del ejército
su legítima generala.
¡24 de Septiembre!
La ciudad siempre te aclama;
¡Señora de las Mercedes!
Patrona que no descansas.
Madre cautiva que velas
tras los barrotes las almas
y contemplas silenciosa
el devenir de la Patria,
reconfortame el corazón
con el color esperanza.


